Namárië

Namárië
El viento agita el bambú,
Pero una vez que el viento pasa,
El bambú queda en silencio.
Los gansos acuatizan en el gélido estanque,
Pero una vez que los gansos emprenden el vuelo,
No hay reflejos.
Del mismo modo,
Una vez que el polvo rojo pasa,
La mente queda quieta.

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21 sept. 2017

Tópicos literarios

Aurea mediocritas
Dorado punto medio: especialmente dentro de la filosofía de Aristóteles alude al
intento de alcanzar un deseado punto medio entre los extremos o un estado ideal
en el que no afecten, en exceso, ni las alegrías ni las penas. Está relacionado con el
hedonismo epicureista basado en conformarse con lo que se tiene y no dejarse
llevar por las emociones desproporcionadas. Aparece como tema poético por
primera vez en Horacio, en Odas II 10.
Para el pensamiento griego fue esta mediocritas un atributo de la belleza. Con esta
expresión en Horacio se alude al feliz estado del que, ni demasiado rico ni
demasiado pobre, vive contento con su medianía.
Es un ideal de vida en que no se prefiere lo mucho ni lo poco, sino tener
estrictamente lo necesario, porque así no hay preocupación por las pasiones. Es el
equilibrio clásico, y también se formula como: in medio stat virtus, quando extrema
sunt vitiosa, la virtud está en el medio cuando los extremos son viciosos.
Aurea mediocritas
Horacio
Rectius vives, Licini, neque altum
semper urgendo neque, dum procellas
cautus horrescis, nimium premendo
litus iniquum.
auream quisquis mediocritatem
diligit, tutus caret obsoleti
sordibus tecti, caret invidenda
sobrius aula.
saepius ventis agitatur ingens
pinus et celsae graviore casu
decidunt turres feriuntque summos
fulgura montis.
sperat infestis, metuit secundis
alteram sortem bene preparatum
pectus. informis hiemes reducit
Iuppiter, idem
summovet. non, si male nunc, et olim
sic erit: quondam cithara tacentem
suscitat Musam neque semper arcum
tendit Apollo.
rebus angustis animosus atque
fortis appare; sapienter idem
contrahes vento nimium secundo
turgida vela.

La mediocridad dorada
de Horacio*
(versión libre)
Vivirás mejor, Licinio, si no te adentras
siempre en alta mar ni, por miedo a las tormentas,
te aproximas demasiado a la costa.
Los que prefieren la mediocridad dorada
encontrarán abrigo y se hallarán a salvo
del precario techo en ruinas y de la envidia de los salones.
Al pino muy alto el viento lo sacude más;
la torre elevada se derrumba con estruendo;
el rayo alcanza las cumbres más altas de las montañas.
En los desastres, el carácter bien dispuesto espera,
y en la bonanza se prepara para el cambio de suerte.
Es natural que un inverno duro llegue y se vaya.
Lo malo no perdura.
Apolo tensa unas veces el arco de la guerra,
pero otras empuña su cítara para despertar a la música.
Sé valiente y alegre en la adversidad,
pero cuando el viento sopla demasiado favorable
el sabio se apresta a recoger las velas.
En nuestros textos lo ejemplificamos en el poema siguiente:
HORATIUS, Carmina I 11, 3-8:
Horacio invita a Leucónoe a que, sin preguntarse por los años de vida que le
quedan, disfrute del momento.
[...] Ut melius, quidquid erit, pati,
seu plures hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum. Sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy, no fíes del incierto mañana.

* Horacio nació en Venusia, en el sur de Italia, en 65 a.C. y falleció en Roma en 8
a.C. Amigo personal del republicano Marco Bruto, uno de los tiranicidas del dictador
Julio César, participó en la batalla de Filipos, en 42 a.C. Tras la derrota, fue
desposeído de todos sus bienes, centrándose a partir de entonces en su creación
literaria.

Las odas, expresión de la lírica pura, se caracterizaban por el empleo de una
métrica, llamada eolocoriámbica, y se componían para ser cantadas al son de la
lira.

Carpe diem
"Goza del día presente" (Horacio). Hay que disfrutar del tiempo en que se dispone
de belleza, entusiasmo y salud, es decir, la juventud, porque el paso del tiempo lo
arruinará (ubi sunt?)
Etimológicamente significa cosecha el día, figuradamente: disfruta el día, captura el
momento en el que te encuentras.
Horacio nos dice, Carmina I 11, 3-8: : Carpe diem quam minimum credula
postero; disfruta el día, no des crédito al mañana. Porque del mañana nada
sabemos, ni siquiera nos es dado el poder conocerlo.
No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
El futuro son juegos de azar, mera especulación de magos babilónicos que no
tiene por qué llevar a nada. Si existe el Destino o la Providencia, no baja ningún
dios a concedernos su conocimiento.
HORATIUS, Carmina I 11, 3-8:
Horacio invita a Leucónoe a que, sin preguntarse por los años de vida que le
quedan, disfrute del momento.
[...] Ut melius, quidquid erit, pati,
seu plures hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum. Sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy, no fíes del incierto mañana.
Nada hay de cierto en el porvenir, ninguna seguridad. El momento, sin embargo, hemos
de aprovecharlo. Y hemos de aprovecharlo porque el tiempo huye, tempus fugit, otro
tópico. Y las huidizas edades son envidiosas del presente, porque en realidad no le
poseen; las edades son solo pasado. Mientras pensamos en el mañana,
indefectiblemente, el hoy se nos escapa. Y el mañana no existe, si acaso existirá, y
tampoco eso es seguro.
Vivamos entonces el día, capturemos pues el momento. Nadie nos dice que lo hagamos
con optimismo o siendo pésimos; a lo sumo, Horacio nos indica que hay que adaptarse a
ello. ¿Y cómo te adaptas? Aceptando el hecho, eso lo primero. Mas ¿cómo se acepta?
Es un tópico literario, un tema recurrente en la literatura universal como una
exhortación a no dejar pasar el tiempo que se nos ha brindado; o bien, para disfrutar los
placeres de la vida dejando a un lado el futuro, que es incierto. Cobra especial
importancia en el renacimiento, en el barroco y en el romanticismo.
Asimismo se suele traducir erróneamente como ‘aprovecha el momento’, ‘vive el
momento’, es decir, «aprovecha la oportunidad y no esperes a mañana, porque puede
ocurrir que mañana la oportunidad ya no exista».

También lo vemos en Catulo:
Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis.
soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Catulo, 5, 1-6.
Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nada nos importen.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera luz,
tendremos que dormir una noche eterna.

Tempus fugit
El tópico tempus fugit hace referencia al paso irremisible del tiempo, que todo lo acaba. Suele
aparecer muy frecuentemente en combinación con el tópico del carpe diem.
Significado de carpe diem:
Carpe diem es una frase latina que literalmente significa cosecha el día, también significa
disfruta el día, fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, 11.8):
Carpe diem quam minimum credula postero.
("Aprovecha el día, no confíes en mañana").
Ejemplos:
Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus
Virgilio, Geórgicas III, 284
Omnia fert aetas, aninum quoque
P. Vergili Maronis Bucólicas, 9, 51
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
C. Valerii Catuli Carmina, 5, 4
Garcilaso de la Vega se inspiró en este poema para componer su soneto XXIII, del
que aportamos el análisis métrico
(1501-1536)

Soneto XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Beatus ille
Beatus ille... qui procul negotiis o "feliz aquel que alejado de los negocios..."
(Horacio) Ensalza la vida sencilla y retirada, por lo general en contacto con la
naturaleza. A veces se confunde con el "menosprecio de corte y alabanza de aldea"
Beatus ille es un tópico literario creado por el poeta romano Horacio (65ac-8ac) en
el que se exaltaba la vida en el campo como aquel lugar en el que se podía
encontrar la paz espiritual. Se traduce literalmente como bienaventurado aquél
complementando la idea de: dichoso aquel que procura apartarse del mundanal
ruido para estar consigo mismo.
'Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bubus exercet suis
solutus omni faenore
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
ergo aut adulta vitium propagine
altas maritat populos
aut in reducta valle mugientium
prospectat errantis greges
inutilisque falce ramos amputans
feliciores inserit
aut pressa puris mella condit amphoris
aut tondet infirmas ovis.
vel cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiva decerpens pira
certantem et uvam purpurae,
qua muneretur te, Priape, et te, pater
Silvane, tutor finium.
libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine:
labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in Silvis aves
frondesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod invitet levis.
at cum tonantis annus hibernus Iovis
imbris nivisque conparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantis plagas
aut amite levi rara tendit retia
turdis edacibus dolos
pavidumque leporem et advenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.
quis non malarum quas amor curas habet
haec inter obliviscitur?
quodsi pudica mulier in partem iuvet
domum atque dulcis liberos,
Sabina qualis aut perusta Solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum vetustis exstruat lignis focum
lassi Sub adventum viri
claudensque textis cratibus laetum pecus
distenta siccet ubera
et horna dulci vina promens dolio
dapes inemptas adparet:
non me Lucrina iuverint conchylia
magisve rhombus aut scari,
siquos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc vertat mare,
non Afra avis descendat in ventrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliva ramis arborum
aut herba lapathi prata amantis et gravi
malvae salubres corpori
vel agna festis caesa Terminalibus
vel haedus ereptus lupo.
has inter epulas ut iuvat pastas ovis
videre properantis domum,
videre fessos vomerem inversum boves
collo trahentis languido
positosque vernas, ditis examen domus,
circum renidentis Laris.
'haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit idibus pecuniam,
quaerit kalendis ponere.

Traduce Fray Luis de León de esta manera el ideal epicúreo de la sobriedad y la
austeridad:
Dichoso el que de pleitos alejado,
cual los del tiempo antigo,
labra sus heredades, no obligado
al logrero enemigo.
Ni la arma en los reales le despierta,
ni tiembla en la mar brava;
huye la plaza y la soberbia puerta
de la ambición esclava.
Su gusto es, o poner la vid crecida
al álamo ayuntada,
contemplar cuál pace, desparcida,
el valle su vacada.
Ya poda el ramo inútil, o ya enjiere
en su vez el extraño;
castra sus colmenas, o si quiere,
tresquila su rebaño.
Pues cuando el padre Otoño muestra fuera
la su frente galana,
con cuánto gozo coge la alta pera,
las uvas como grana.
Y a ti, sacro Silvano, las presenta,
que guardas el ejido,
debajo un roble antiguo ya se asienta,
ya en el prado florido.
El agua en las acequias corre, y cantan
los pájaros sin dueño;
las fuentes al murmullo que levantan,
despiertan dulce sueño.
Y ya que el año cubre campos y cerros
con nieve y con heladas,
o lanza el jabalí con muchos perros
en las redes paradas;
o los golosos tordos, o con liga
o con red engañosa,
o la extranjera grulla en lazo obliga,
que es presa deleitosa.
Con esto, ¿quién del pecho no desprende
cuanto en amor se pasa?
¿Pues qué, si la mujer honesta atiende
los hijos y la casa?
Cual hace la sabina o la calabresa
de andar al sol tostada,
y ya que viene el amo enciende apriesa
la leña no mojada.
Y ataja entre los zarzos los ganados,
y los ordeña luego,
y pone mil manjares no comprados,
y el vino como fuego.
No me serán los rombos más sabrosos,
ni las ostras, ni el mero,
si algunos con levantes furiosos
nos da el invierno fiero.

Veamos ahora cómo ha influido este tópico horaciano en diferentes autores
contemporáneos:
LUIS ANTONIO DE VILLENA, Hymnica
Bajo el aura del duro sol primero
y el trino inaugurado de los pájaros,
abandonar el hogar tras el almuerzo,
en el breve calor que adelanta el verano.
No ir, si tenías que ir a lugar convenido,
ni entrar en clase, aunque el estudio importe,
ni salir hoy a comprar cosas determinadas...
Ponerse a caminar, con el amigo cómplice,
que huye también la tarde, por la cuesta abajo,
hacia la hierba y los pinos, solitarios...
Tenderse allí y hablar del duro otoño,
ya pasado, mientras invita el sol a retirarse
ropa, y molestan los insectos renovados.
Y allí dejar pasar las horas insensiblemente,
entre calor y vaho de flores, dormitando.
Se charlará despacio, y surgirá el silencio.
Y si el sexo incomoda alegremente, no habrá
sorpresa. Es huésped esperado y cotidiano...
Por lo demás, amodorrarse allí, vivir al sol,
dejar pasar el tiempo y olvidarse de todo.
Que ya sabes el verso: Dichoso el que de pleitos
alejado.
Como véis, Luis Antonio de Villena cita a Horacio a través de Fray Luis, y además,
cambia el punto de vista, es mucho más romántico antes que epicúreo.
Arturo Dávila, poeta mexicano nacido en 1958, creador de una compilación poética
llamada, con gracia y estilo, Catulinarias, remitiéndose al tan famoso poeta citado
nos ofrece este bello poema en el que se dirige directamente al propio Horacio.
Dichoso aquél, Horacio,
que huye del mundanal ruido
(y del tráfico
y del smog)
y, lejos de los negocios de la poesía,
se dedica (como aconseja Voltaire)
a cultivar su jardín.
Y a hacer el amor a una mujer callada,
y a desayunar frutas con té de menta,
y a practicar yoga al atardecer,
y a ver, tras la ventana azul,
el mar
que siempre nace
y nunca muere.
Cita al famoso jardín, y mezcla los ideales epicureístas con ideales ecologistas,
naturistas, de su época hippy. Al final, lo mejor es el mar, la contemplación del
inmenso infinito, la contemplación serena de lo que perdura, la naturalidad.
Por último, cabe citar un poema más, demostrando que poetas anteriores a Horacio,
como el poeta espartano arcaico Alcmán, ya tenían en sus pensamientos el Beatus
ille.
Feliz aquel que puede alegremente
cumplir un día sin lágrimas.

Locus amoenus
Locus amoenus o "lugar delicioso"; según Ernst Robert Curtius es un lugar natural
provisto de tres elementos: agua, prado y sombra de árboles, que invita a la
conversación o al descanso. Es el escenario de los diálogos ciceronianos y de las
conversaciones de la literatura pastoril. Si falta cualquiera de esos tres elementos,
no se trata de un lugar delicioso.
Heráclito y Demócrito, o filósofo que llora y filósofo que ríe. Heráclito pensaba que
la vida humana era algo tan trágico que le hacía llorar; Demócrito, por el contrario,
estimaba que merecía la risa ante la estupidez de las conductas humanas. Es tema
de muchos sonetos y cuadros de la época.
En Horacio lo tenemos reflejado junto con el Beatus ille. Ver la oda anterior del
Beatus ille.